Retratos, fauna, mundos oníricos y paisajes al aire libre. Acrílico, óleo, acuarela, dibujo a bolígrafo y cerámica: un recorrido por toda mi obra, de 2009 a hoy.
Pinto desde niña. Con diez años ya me fijaba en los craquelados de la pintura envejecida en los museos, en las texturas y en cómo estaban dadas las pinceladas; quería plasmar las luces y las sombras del mismo modo. Esa obsesión por observar es la misma que hoy aplico como restauradora.
Mi obra se mueve entre el realismo figurativo y lo onírico: retratos con mariposas y aves, fauna salvaje, cielos y universos interiores. Cada cuadro suele ir acompañado de un texto propio, porque para mí pintura y escritura hablan del mismo lugar.
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Realizo retratos y obras por encargo, en acrílico u óleo, a partir de fotografías o del natural. Escríbeme y hablamos de formato, técnica y plazos.
Maceta hecha a manoCerámica, gesso, acrílico, tela y capa impermeable · 2026
Estanque de nenúfaresCerámica y acrílico · 2026
Modelado de la rana2026
Pintura de la rana2026
«Painting is silent poetry, and poetry is painting that speaks» — Plutarco
Escritos: textos que acompañan a la obra
Casi cada cuadro nace con un texto. Poemas y prosa breve escritos entre 2017 y hoy.
Las mariposas del alma
Mi predilección va más allá de lo científico y de la belleza que emana de la arquitectura celular que viste nuestro cerebro, con armoniosas figuras y dibujos anatómicos que pronto Ramón y Cajal plasmaría en sus papeles. La persistencia por el hallazgo de la estética más pura creada por la madre naturaleza, sus dotes artísticos y su ansia polifacética están hechos para ser admirados. La necesidad de encontrar una razón física al pensamiento, esas conexiones neurológicas que pronto él mismo relacionó con las mariposas del alma, me inspira. Y metafóricamente hablando, Cajal las describe en su teoría neuronal:
«Como el entomólogo a la caza de mariposas de vistosos matices, mi atención perseguía, en el vergel de la sustancia gris, células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental.»
(Santiago Ramón y Cajal, 1852–1934)
Tributo a Las mariposas del alma — Acrílico sobre lienzo · 130 × 100 cm
El vuelo de la imaginación
Escucho el canto de un gallo mañanero que confunde las luces del hospital por amaneceres. El rugido de las hojas secas rodar por el suelo como una moto haciendo sus más largos kilómetros. Todo se percibe igual, incluso más sonoro de lo normal. El viento, o tal vez la danza de la brisa que está por llegar junto al Sol.
Alcanzo las nubes, a lo lejos borrosas, que se dispersan por encima de la ciudad como una sábana translúcida. Percibo el olor a tierra húmeda a punto de inundarse. ¿Estará a punto de llover en un par de días? Me pregunto mientras a lo lejos se escuchan voces. No alcanzo a percibir la conversación, camuflada entre el balanceo y chirrío del metal corroído por el tiempo.
Y ahí me hallaba nuevamente, en el columpio que se alzaba sobre las nubes, sobre los vuelos invisibles, más allá de los sueños nocturnos. Era astronauta en el espacio, era pájaro en el cielo.
El vuelo de la imaginación (Whispers of thoughts) — Óleo sobre tela · 90 × 115 cm
La habitación azul
Azul era la habitación. Era la paz y el orden del caos. Azules eran los reflejos sobre su piel. Incluso el brillo de sus ojos, se había transformado de aquel castaño que a veces era fuego bajo el Sol, en un azul tan profundo como las aguas del mar.
Azul era la tímida luz que asomaba por la ventana, de esos atardeceres que aclaman sobre el cielo el fin de otro largo día, y esperan pacientes el silencio de la noche. Se perfilaban al detalle los dedos que desenredaban sus cabellos, y que podían pasar horas como días al mismo compás.
Una noche le dijo que ella era azul, mientras la abrazaba en su cálido nido de mantas. Azul también era él, más que el cielo que soñó volar tantas veces. Era tan azul como las plumas que visten a sus espaldas, mochilas de experiencias vividas y por vivir. Aquel instante era de un azul sublime, de apariencia infinita que engendra de lo finito y revela sin límite su identidad. Era un azul que parecía aniquilar al tiempo y al espacio, desafiando a las leyes de la belleza, como el batir de las alas o como una ola que se eleva y desvanece para volver a su forma original.
Aquel azul era el punto álgido de la montaña, y también de la pequeñez o incluso de la nada o del vacío que divagan ante la inmensidad del universo. Él era azul cobalto, consigo llevaba un mundo de historia y aún así, era más estable que cualquier otro color. Sabía de sobras dónde estaba su camino, y cómo andar sobre él. Y así, se hallaron estirados ante cuatro paredes que se extendían bajo los ojos de un soñador ansioso por descubrir horizontes, tan infinitas como el aleteo de todos los pájaros que habrían sentido ya en su pecho volar.
La habitación azul — Óleo sobre lienzo · 80 × 60 cm
El vestido rojo
Si pudiera contar todas las estrellas
sabría una y mil veces cuánto me iluminas,
cielo inmenso en el que tú destellas
brillas como el fuego que erosiona las espinas.
Cuando las frías noches amenazan en presencia
despiertan los tormentos más austeros,
y tú apareces de la nada, cautivando con tu esencia
que me guía por los más largos senderos.
Entonces me elevas,
hacia el infinito, hacia direcciones imprecisas,
allí dónde huele a todas las primaveras
como una flor abierta con la mejor de sus sonrisas.
Camino, caigo y se extiende tu mano al borde
que sin palabras y solo en movimientos,
despierta con la alegría de un acorde
como tu voz que alberga en mis pensamientos.
Y así es como logras dar color en este mundo
y renaces poco a poco de mi fuero,
alumbrando en el espacio desde lo más profundo
mientras te observo como a la estrella que más quiero.
El vestido rojo (Teresa) — Óleo sobre lienzo · 80 × 60 cm
Anochecer en el bosque
Paisajes que a pinceladas hablan de un viejo camino,
dibujaban horizontes y atardeceres pintados con vino.
Resaca y resquicios de la mente,
figurando un mundo de gravedad inexistente.
Tenía la sensación de andar despacio,
cuerpo vacío que baila en el espacio.
¡Cuántos días habían ya pasado!
Anduve perpleja ante la armonía de un paisaje enmarcado.
Me dirigí hacia un camino que parecía estar en movimiento,
el sonido de mi respiración y tu voz entrelazada con el viento.
Unísono de dos canciones que desvelan secretos,
Tierra en paz, dulces suspiros entre minutos prietos.
Paso mis dedos por tu cabello enredado,
como las flores que al Sol destellan en el inmenso prado.
Anochecer en el bosque — Óleo sobre lienzo · 100 × 130 cm
Renacer
La mañana acechó con un rayo de Sol por la ventana,
de esos que queman la piel a fuego lento.
Sonaba el despertador insondable como una campana,
parecido al tañido del tiempo vibrando entre el viento.
En el fondo de la taza se dibujaba el futuro con café espeso,
como aquellas alas de mil pájaros delineando entre el cielo.
Caía la presión del futuro y del pasado por su propio peso,
y con ello construía un nuevo sendero entre el duelo.
En el pantano de sus ojos había aguas cristalinas,
conocía las piedras antes de alcanzar la llanura.
Detrás de su mirada había inmensos valles y colinas,
frondosas de esperanza aún para los que perdieron la cordura.
Espinas y pétalos, dulzura y temores. Recuerdos y traslados que sorprenden con olores. Direcciones opuestas en un mundo caótico, rutas que matan y otras que alivian. Todo son acogidas para los jardines desiertos, nuevos colores para el hastío terreno que florece en invierno.
Renacer — Acrílico sobre lienzo · 130 × 80 cm
El origen
A ti, por la espera.
Por el origen de todo.
Por lo que fuiste y serás.
Por el camino que recorrerás.
Por los cambios, las idas y venidas.
Por tus lágrimas, por tus sonrisas.
Por tus logros y tus fallos.
Recuérdate siempre desde el principio.
En el mismo lugar donde te hallaste,
en el mismo lazo que te mantuvo unido.
El origen — Acrílico sobre tela · 60 × 55 cm
El viaje
De la unión también nace la paz, el descanso, el silencio. El planeo de un ave sobre las nubes, el control en sus alas, la armonía en su vuelo.
De los días grises mil matices, mil historias, mil gotas de agua en abril. Y de cada gota, mil sonrisas. También desiertos y sequías, soles que queman, flores que nacen y marchitan como cualquier ser.
De la unión no solo nace la fuerza. También nacen duelos, heridas que reabren y suturan con oro, cicatrices que embellecen. La entrega, abrirse como un libro, conocer hasta la última letra de cada párrafo.
La incertidumbre del siguiente capítulo, el viaje, la improvisación, la aventura inesperada. Nace otra visión del tiempo, compartir, escribir la historia a mano, dibujarla con los dedos. Y en él la desesperación, el agua veloz que derriba en las cascadas y escapa del camino, la ambición por retenerla toda.
Del desasosiego, nace luz, esperanza, proyectos y sueños por cumplir. Y de los sueños sentirse vivo, humano, noches en vela y viajes al espacio. Entre llantos o risas, sentir el pecho abierto, destapar el alma.
El viaje — Acrílico sobre madera · 80 × 20 cm
Agujero negro en el espacio
Entrever el rostro por la luz del Sol naciente,
el primer acorde aparece como un profundo secreto,
el tacto bajo las mantas bajo el cuerpo estático y caliente.
Un nuevo día más cerca del sueño, cada vez más grande, cada vez más prieto.
Resuena el grito de la infancia en mi mente,
y el tambaleo entre unos brazos que ahora ya son mi amuleto.
A lo lejos, se escuchan las rutinas de la gente,
caballeroso el silencio que observa con paciencia y respeto.
El dolor de la incertidumbre cuando no se huele a ropa nueva, cuando el tacto del cabello no se siente.
Bocanada de aire fresco en mitad del paisaje inquieto,
tranquilo cuando todo se detiene, cuando no estás ausente.
Cuando los labios descifran un inmenso alfabeto
de palabras que conocen emociones, de canciones que fluyen por la corriente.
¿Desde cuándo bajarse del mundo fue todo un reto?
Deformar el tiempo y el espacio como un agujero negro en la inmensidad, más allá del horizonte.
Agujero negro en el espacio — Óleo sobre tela · 80 × 60 cm
Tiempos de pandemia
Detrás de la ventana hay una ciudad infectada. Solitaria, calles vacías y silencio. Hay lluvia y viento, desconsuelo y temor en las pocas miradas vagabundas que aún caminan por la calle. El mundo se había parado por completo, un hecho histórico sembrado por la misma humanidad. La incertidumbre de esta cuarentena y el borroso final que apenas se observa en la lejanía, parece distanciarse por cada paso que damos. Días grises para todas las almas que han luchado en esta batalla hasta el final, y corazones rotos por las que han perdido. Las noticias son el reflejo del miedo y desconfianza, también sobre lo que el futuro depara en la prosperidad que quedó enterrada nuevamente al superar una vieja crisis y entrar en otra más profunda. Son días de reflexión, y también días de autoconocimiento. Tras la ventana, en nuestra nueva habitación, seguimos pintando. Plasmar lo que quiero imaginar, dónde quisiera estar, es todo cuanto tengo en mis manos. Cosechar en nuestra nueva burbuja grandes sueños que se harán realidad algún día a pasos pequeños. Aún hay esperanza de que el Sol vuelva a brillar, de que vendrán tiempos mejores; en algún lugar, en algún momento.
Tiempos de pandemia — Acrílico sobre lienzo · 2020
Debería levantarme por la mañana
Debería levantarme por la mañana, despertar cuando el Sol acompaña,
cuando el brillo desengaña y recuerda el dolor de la migraña
después de una noche larga, a pedir consuelo con la mirada amarga
cuando la espalda hasta al aire carga,
y lo haría, si no fuera porque mi reloj despista y me incita a perder todo de vista,
a olvidarme del olvido sin dejarme alguna pista.
Quizás la marea amenaza, quizás el mar ahora me abraza,
y quizás mañana me ahogue en su coraza,
de oleaje, de palabras vacías, como este corazón que se reía,
pero acabó loco y marchito,
dibujando palabras en papeles con grafito.
Porque ya no quedan oídos para los que piden deseos a la Luna,
para los que viven sin fortuna.
Autorretrato — Lápices sobre papel
Tierra de tigres
Poco más de 100 años han pasado, y observamos con ojos expectantes de tigres vagabundos. Películas que en su momento no existieron y que quedaron en el vivo recuerdo de una sociedad en decadencia. Tierra de tigres y más tigres. Y la historia continúa activa, luchas sin sentido siguen latiendo. Afán destructivo, afán competitivo, flores marchitas y cielos sin luz. Guerra y más guerra, repertorios de ira, de orgullo, de fuego, y... de vacío. Tormentos en las mentes perturbadas que inundan el mundo y ahogan sus esperanzas. Cuánto ha llovido y cuánto sigue lloviendo. Cuántas huellas han quedado en el suelo bombardeado, en el corazón de las almas que un día soñaron comerse el mundo.
Tierra de tigres — Acrílico y óleo sobre lienzo
Cuando el compás de la puerta cesó
Cuando el compás de la puerta cesó, un grito de silencio profundo se derramó en ecos sobre murallas infinitas. Un grito capaz de ensordecer al viento que pasea libre por el cielo, allá donde ningún obstáculo puede alcanzarlo.
Y allí me hallaba yo, errante, frente a un nuevo escenario en el que ya nada respondía a mis sentidos. Tal vez ellos, desvanecidos en el mundo físico, solo dejaron un rastro en mi mente: una huella sin dueño que avanzaba por pura memoria, movida por el instinto.
Ahora, un sol vibrante me abrasaría por dentro para siempre, atrapado en un cielo inquieto cuyas nubes arden con cada pregunta que renace.
Atardecer — Acuarela · 2025
Recuérdate
Recuérdate antes del viaje, antes del día en que perdiste las maletas. La marea te arrastró cuando menos lo esperaste, y aquí estás nuevamente impaciente. Obsérvate con atención, recuérdate. Antes de que los segundos fueran horas en un mar enfurecido, recuérdate flotando hasta la orilla. Dibuja tu rostro en la arena y detente, saborea el tiempo que se escapa lentamente, casi imperceptible. Retrocede y recuérdate.
Recuérdate (detalle) — Acrílico sobre lienzo · 2020
Encargos y venta de obra
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